16.7.13

106.


Llevo mucho tiempo siguiendo el trabajo de Álvaro Sanz, un hombre todoterreno que, en los últimos años, se ha centrado en el campo de la fotografía. Entre otros proyectos organiza cursos, pero éstos no son unos cursos cualquiera, no. Álvaro lanza una propuesta más dinámica y escoge con detenimiento, criterio y mucho mimo nuevas localizaciones en las que impartir sus conocimientos sobre fotografía. Así se ha embarcado en viajes que lo han llevado a él y a sus alumnos a lugares como Gran Canaria, Marruecos, la Galicia rural, el Empordá, París, Noruega, la Provenza... Me gusta mucho su enfoque porque yo soy la típica persona que se dispersa bastante cuando el peso de todo lo lleva la parte teórica. 

Si pudiese, hubiese ido a cada uno de estos sitios, porque entre mis pasiones está viajar y la fotografía. Pero una cosa es lo que soñamos y otra lo que podemos hacer o nos podemos permitir. Sin embargo, hace poco Álvaro organizó algo en una ciudad cercana y, en compañía de una amiga, nos pareció la ocasión perfecta para quitarnos la espinita.

La cita fue en Vigo, una ciudad que fue mi casa durante un año. La propuesta: Poesía en la Ciudad. El objetivo: redescubrir lo cercano. Y, el punto de partida, un precioso piso en el centro de la ciudad reconvertido en un espacio Pop Up & Coworking: VM17.


De la mano de Luis, quien acudió en representación de la Familia Quiroga-Páez (+ info aquí), recorrimos los rincones menos conocidos y transitados de la ciudad y, aún así, totalmente representativos de la misma. Nos colamos en un parking, recorrimos calles estrechas, curioseamos el interior de edificios en ruinas, subimos y bajamos cuestas...


En la Pza. de la Constitución, uno de mis lugares favoritos, no pude evitar curiosear al otro lado del cristal... ¿adivináis por qué? ;)


Y, durante el paseo, tuve que parar a retratar lo que para mí es poesía en estado puro... la naturaleza siempre encuentra su sitio en las ciudades a pesar de lo mucho que nos empeñemos en asfaltarla.


He escogido la imagen anterior porque creo que es la que mejor resume la ciudad. A modo de curiosidad, os contaré que a Vigo se la conoce como la ciudad olívica porque, en un mirador orientado al mar con las impresionantes Islas Cíes al fondo, se encuentra ese gran olivo de la foto (podéis leer el resto de la historia aquí). Durante mi año en la ciudad pasé muchísimas veces por delante de este árbol y tiene para mí un significado muy especial.


No puedo terminar este post (tan largo, lo sé) sin darle las gracias a Álvaro por transmitir tanta luz y  energía. He hecho una apuesta personal y mi próximo curso me llevará un poco más lejos! Para entonces espero tener al fin una cámara como es debido, que me permita jugar y contar historias tal y como yo las veo en mi cabeza.

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