6.4.14

135.

Esta es la historia de una figura que nació en un preciso instante durante un viaje a Nueva York - mucho antes de que yo me dedicase a hacer cerámica - y esperó pacientemente en un rincón de mi cabeza hasta que, hace unos meses, decidió salir...


Esta pequeña escultura viene acompañada de un texto que escribí hace ya ocho años y que hoy, después de darle alguna que otra vuelta, he decidido compartir con vosotros:

"Estaba claro que después de doce años de amistad y después de haber transcurrido algo más de dos años desde la última vez que Isabella la había visitado, el reencuentro iba a ser emocionante. Pero, además, esta vez era especial porque era Berenice la que acortaba las distancias y viajaba a esa gran ciudad para verla. Una ciudad en la que había estado por primera vez hacía ya once años, pero que sólo había tenido la oportunidad de digerir de pasada – apenas un par de días de turismo envasado. Todos los viajes tienen un motivo y especialmente una finalidad, éste era para Berenice el viaje que la ayudaría a reencontrarse después de un año sombrío lleno de contrariedades. Por eso era imprescindible realizarlo sola. Como era habitual en ella, preparó minuciosamente su maleta sin olvidar los libros para las largas horas de vuelo. On the Road; le había parecido adecuado para el viaje porque aunque en su caso no se trataba de un ‘road trip’ y ella jamás había sido una mujer de excesos, sí era consciente de que en su interior guardaba más de lo que aparentemente mostraba. El Tambor de Hojalata; esa novela que ya había leído hacía años y de la que no había disfrutado como era debido por lo que cuando la vio en la estantería de la librería pensó que debería darle una segunda oportunidad. Berenice también se estaba dando una segunda oportunidad. Y, por último, una novelita inesperada que cayó en sus manos en el momento más indicado, La escopeta de caza; extraño como a veces uno se puede convertir en personaje de los libros que lee.

Por fin, después de las horas de vuelo y el cansancio acumulado llega a esa gran ciudad, plural en todos los sentidos, en la que había depositado tantas ilusiones por encontrarse. Típico en ella: buscarse en la multitud. Había hablado tantas veces por teléfono con Isabella durante los últimos meses - ella era de las pocas personas que lograban comprenderla, quizás porque no la juzgaba sino que dejaba que Berenice contase todo lo que le sucedía hasta encontrar por si misma una solución a lo que le preocupaba. Cuando se vieron en la sala de llegada de pasajeros apresuraron sus pasos entre la gente y se dieron un cálido abrazo. Ya estaba, Berenice se sentía mucho mejor sólo con ese gesto. Lo necesitaba como si de una niña pequeña se tratase quien, asustada en la oscuridad de su habitación después de una pesadilla, llama a su madre para que le susurre que no pasa nada, que todo ha sido un sueño.

Por delante tenían una semana para pasear, visitar los sitios menos turísticos que habían quedado pendientes en la primera visita, salir a cenar comida etíope, japonesa, mejicana…, salir de compras y, por encima de todo, charlar hasta altas horas de la madrugada. Berenice tardó poco en darse cuenta de que el desfase horario iba a ser un pequeño inconveniente para ese último plan que consistía en conversar hasta la saciedad como era costumbre en ellas, pero a su vez este insomnio matutino le permitió disfrutar de pequeños placeres...

La primera mañana se despertó a las 5:30 y tras quedarse unos minutos tumbada sobre la cama observando los detalles de la habitación decidió entreabrir la persiana vertical. El día comenzaba a despuntar bajo una pátina azul grisácea. Se levantó y fue al salón; sobre la mesa Isabella le había dejado varias guías de la ciudad y una enorme nota amarilla con propuestas para esos días: Central Park, béisbol, red velvet, The Strand, Brooklyn… Berenice sonrió, por fin estaba ahí. Miró la estancia presidida por un enorme ventanal de pared a pared. Se acercó. Al fondo se podía ver el río, hacia el Este. Se sentó sobre la repisa que había bajo el marco de la ventana y observó que dieciocho pisos más abajo estaban las calles, el ruido del tráfico y esa ciudad que nunca duerme. No era la única persona despierta en ese mismo momento lo que le pareció una sensación maravillosa. Esto le hizo recordar a la gente que se había quedado al otro lado del océano, había pasado un día y ya los extrañaba. Ellos, en ese instante, también estaban despiertos con el motor puesto en lo cotidiano. Cogió su cámara y disparó las primeras fotos del viaje. Decidió volver a la cama e intentar dormir al menos un par de horas pero le resultó imposible; la compañera de piso de Isabella había programado la cafetera para que su café estuviera listo en cuanto regresase de hacer footing por el parque así que apenas había transcurrido media hora cuando comenzó a sentir movimiento por la casa. Podría haberse levantado y aprovechado para desayunar con ella antes de que se marchase a la oficina en su primer día de trabajo, pero realmente no le apetecía. Encendió el móvil y decidió hacer una llamada. A tantos kilómetros de distancia sintió la necesidad de escuchar su voz y charlar apenas unos minutos. Era importante haber hecho el viaje sola pero en ese preciso instante le hubiese gustado tanto que él estuviese allí con ella… al fin había conseguido arañar un pedazo de felicidad y quería compartirla.

Los demás días transcurrieron según lo previsto: con intensidad, brevedad y anticipando la despedida y el próximo reencuentro. De vuelta en casa, Berenice siguió recordando los detalles de su ‘escapada’. La calidez de los días tormentosos de aquella semana en la ciudad, los silencios y las conversaciones compartidas, la variedad cultural y las caras nuevas, los besos de despedida robados mientras se cierran las puertas del ascensor y las lágrimas que asoman caminando por el pasillo de vuelta al apartamento, los olores y los sabores de Hell's Kitchen, el bochorno asfixiante del metro, la brisa sobre el puente con las vistas de la ciudad al frente, el Empire State, los desplazamientos en taxi por la ciudad, comprar los regalos y las postales apalabradas, el césped y las nubes del Sheeps Meadow y ese vagabundo de mirada plácida, el desfile de camisetas pidiendo el voto para Obama, un té helado en un banco de un parque, la cordialidad/hipocresía de una conversación en un tren con destino a Connecticut, en un bar universitario o en una fiesta en el sótano de un edificio, un cuadro al rojo vivo que combina con un vestido porque eso es ‘arte’, la crisis económica en la trastienda y también en la palestra, un paseo cerca del mar en un descapotable y un emocionado abrazo de despedida en el aeropuerto.

La cotidianeidad de Berenice había dado un giro tremendo y estaba dispuesta a mirar la vida a la cara."


* Si habéis leido hasta aquí, ¡muchísimas gracias por haber dedicado vuestro tiempo! Espero que os haya gustado...

** La figura está inacabada, faltan algunos detalles para que sea como yo la visualizo en mi cabeza, pero me apetecía compartirlo con vosotros. A ver si puedo mostrar el resultado definitivo pronto :)

13 comentarios:

  1. Pues sí...he leído hasta el final...casi casi sentía que podía estar allí viendo y sintiendo todo lo que Berenice estaba viviendo...un post precioso.
    Espero poder ver la figura pronto;)

    Un abrazo * *

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    1. Mil gracias por leerme Silvia. Esta figura significa muchísimo para mí, representa toda esa época de cambio previa a mi decisión de dedicarme a la cerámica, así que me emociona mucho que te haya gustado.

      Un abrazo bonita*

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  2. Ay que bonito!me encanta la historia de esa figura tan preciosa!eres un amor

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    1. Begoña, gracias de corazón, vosotros que me leéis sí que sois un amor!!

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  3. he llegado hasta aquí! y me ha encantado hacerlo. Hay posturas que tienen millones de palabras y sensaciones incrustada, verdad? un besito guapa!

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    1. Y tanto Caterina! Son instantes que en el momento parecen fugaces pero para nada lo son...

      Besitos preciosa!

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  4. Precioso post... La figura es muy bonita, y su historia más

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  5. Qué historia tan linda!! Me gusta mucho leerte y esa figura seguro será preciosa! Un abrazo!

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  6. Me ha gustado leerte hoy. Hace unos días escribía yo en el blog sobre la nostalgia, diciendo que a mí no me gusta mucho recordar historias pasadas y que incluso muchas veces no las recuerdo. Pero eso me pasa si se trata de anécdotas, de sucesos sin mucha repercusión. Todo lo contrario de historias como ésta, que se te quedan grabadas a través de la luz, los sonidos, los olores, las sensaciones... y a las que muchas veces se les encuentra el sentido años después.

    Empiezo la semana profunda, ya ves...

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  7. Creo,que eres una artista,se te dá muy bien la cerámica,escribir y para mí,tambien el dibujo.

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    1. Para ser lo que soy ahora tú has tenido mucho que ver así que... :)

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  8. Precioso relato de vida/figura.
    Pero permíteme que queira continuar a historia. Porque sei que despois desta Berenice virá outra, que observe diferente, enfocando o horizonte coa cabeza alta e mans amigas arredor.
    Sei que Berenice só hai unha, houbo unha, pero imaxino tamén que Berenices podemos ser todas, conxeladas nese instante no que se vai descobrindo a esencia e os horizontes vividos non son suficientes. Noraboa polo teu traballo.

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    1. Moitas grazas polas túas palabras porque me chegan especialmente. Supoño que si, que todas pasamos por eses momentos tan decisivos que nos levan a descobrer unha parte moi íntima de nós... E iso é un luxo.

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