28.4.15

183.

He desplegado un mapa sobre la mesa y llevo un rato observándolo. Mientras dibujo con mi dedo el contorno de Formentera, me pregunto cómo una isla tan pequeña puede contener tanto en su interior.


Allí, el tiempo se detiene. La vida, al menos en esta época del año, es lenta, pausada, auténtica. Mi vista se va acostumbrando a una paleta de colores que se repite: turquesa, ocre, verde, blanco, amarillo. Pero, sobre todo, lo que impregna cada rincón de la isla es un olor que consigo descifrar justo el día antes de mi vuelta a casa; huele a sal y a romero.


Esta pequeña escapada no hubiese sido lo mismo sin mis compañeros de viaje: Caterina, Álvaro, Mònica y la pequeña Alma. Allí nos fuimos para fotografiar la última colección de Caterina Pérez (podéis ver las imágenes aquí y aquí). Por eso, Formentera también es sinónimo de conversaciones eternas, de sonrisas, bailes y largas sesiones de fotos, de amaneceres y puestas de sol, de faros y cuevas abiertas al mar, de sueños compartidos, de planes de futuro. En resumen, de complicidad, como siempre.  


3 comentarios:

  1. Un placer compartir sensaciones a vuestro lado. Eso si, a la próxima Antía y el reflector-man que no nos fallen! Besos gigantes!

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  2. Me ha gustado mucho ver las fotos y la historia en contraplano.

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