24.5.15

185.

El coche se detiene; desde el interior paseo mi vista por el entorno.  Es un día claro, fresco, corre una ligera brisa. Lo primero que capta mi mirada es una construcción de planta circular, envuelta en piedra y ventanales infinitos. En un lateral, como si de un brazo extendido se tratase, se abre una pasarela acristalada que comunica esta plaza central con otras áreas. Las formas, los colores, la arquitectura en general, todo es tan distinto que me parece estar en otro país. No comprendo cómo no había visitado antes este lugar.

Cojo mi cámara y salgo del coche. Me llama la atención el silencio - casi absoluto- y, a partir de este momento, se instala en mí una sensación que me acompañará durante toda la visita: aquí se ha detenido el tiempo. Entre las múltiples señales que hay a cada paso, localizo un cartel que indica la entrada a la planta de producción. Vacilo un poco si debo abrir esa puerta algo enclenque, pues parece que al otro lado del cristal hay simplemente un espacio abandonado, pero dentro puedo ver otra señal que me invita a entrar. Pasado el umbral se asciende, por unas frías escaleras, a la planta superior. Comienza la visita, estoy en el Laboratorio de Formas.

 
Mi cámara se llena de fotos, de cada rincón, de cada parte del proceso, de cada detalle y, aún así, soy consciente de que he acariciado simplemente la superficie. Estoy de nuevo en el coche deseando no haberme marchado, deseando volver otra vez.

Sargadelos es un lugar que es historia y en el que se hace historia, a pesar de los vientos tan poco favorables que la azotan en los últimos años. Es el sueño de dos hombres: Luis Seoane e Isaac Díaz Pardo, que imaginaron en su día que el desarrollo y la varguardia de una tierra se encontraba en su cultura y en sus propios recursos (materiales y humanos) e hicieron todo lo posible para llevarlo a la práctica. Todo esto, a día de hoy, tiene un valor incalculable y creo que no somos del todo conscientes.  Nos estamos dejando llevar por modas y tendencias tan efímeras que no dejan ningún poso en nuestro interior. Aplaudimos lo efectista, aquello que busca una reacción inmediata por nuestra parte. Se nos quiere vender la manzana más brillante de la cesta y no nos damos cuenta de que todo lo que la recubre es cera. Nos estamos quedando en la superficie cuando, mucho antes que nosotros, había personas que sabían que alcanzar un sueño lleva mucho más tiempo y esfuerzo.

***

Esta mañana, una gran amiga, me dedicó unas líneas que (aunque me quedan grandes) me parecen el broche adecuado para esta entrada:

"O "handmade" en Galicia sempre foi "feito a man" e ten máis anos ca min e máis. Agora vexo desde lonxe como unha gran amiga vai ocupando o lugar que lle corresponde nesa rede de artistas de noso, orixinais e con moito que contar en diferentes soportes, á marxe de modas, que loitan arreo polo seu proxecto lento nun escenario global perdido na aceleración..." (Antía Marante, desde Kiel)



2 comentarios:

  1. Suscribo completamente tus palabras sobre Sargadelos, y las de la preciosa cita también. No conozco la fábrica de Cervo, pero he visitado la de O Castro varias veces en estos últimos años y cada vez me maravilla más semejante proyecto y me aterra que pueda desaparecer. Tengo en el horno un post sobre la exposición de este invierno en Coruña alrededor de la figura de Isaac Díaz Pardo, que fue estupenda. ¿La visitaste?

    Bicos

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    Respuestas
    1. Pues si no has estado te lo recomiendo, Montse, merece mucho la pena... a pesar de la nostalgia.
      La expo sí que la vi, por duplicado, en Santiago y Coruña. Me encantó!

      Un abrazo guapa*

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