24.6.15

189.

Recuerdo ese olor tan especial en casa de mis padres cada 24 de junio, por la mañana. Malva, hierba luisa, romero, helecho, hierba de San Juan, hinojo, ginesta... y agua. Como con otros recuerdos de mi infancia, hay un instante exacto que se ha quedado atrapado en mi mente. Soy pequeña, me acabo de despertar y estoy en el baño con mi madre. Me coge en brazos y me sumerge en la bañera que ella misma llenó la noche anterior con agua, flores y hierbas, siguiendo una tradición que arrastra desde que ella era también una niña. El olor inunda mis sentidos y los pétalos y hojas se pegan a mi cuerpo. Apenas ha transcurrido un minuto y ya estoy fuera, envuelta en una toalla azul, recibiendo las caricias enérgicas de mi madre que me seca la piel. Esa piel que, ahora, huele a flores.


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* Hoy, 24 de junio, he querido reinterpretar ese recuerdo.


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