29.1.17

208.

Últimamente, algunas personas me han dicho que echan de menos mis publicaciones semanales y a veces yo también, pero la verdad es que me ha costado mucho sentarme de nuevo a escribir este texto. Supongo que algo ha cambiado para que el hábito no sea el de antes. Echando cuentas, resulta que este blog tiene ya cinco años, casi tantos como mi periplo cerámico. Definitivamente sí, las cosas han cambiado mucho desde entonces. Uno de los motivos principales es que, de un tiempo a esta parte - sobre todo desde mi regreso de Japón -, he sentido la necesidad de recuperar y disfrutar de mi  (limitado) tiempo libre y creo que el blog se ha visto algo perjudicado. 

Sin embargo, este espacio siempre me ha servido para observarme a mí misma con perspectiva y, si me he animado hoy a retomar el hilo, es porque me apetecía dejar por escrito varias cosas en las que pienso de manera recurrente desde hace un tiempo.  

En esa parcela pública que son las distintas redes sociales en las que podéis seguir mis pasos, siempre trato de compartir la cara más amable, pero he llegado a la conclusión de que esto puede fomentar una visión un tanto distorsionada de la realidad. En el aspecto profesional tengo la sensación de que, por mucho que yo intente mostrar de una manera fiel cómo voy tratando de hacer de este oficio no sólo un modo sino también un medio de vida, hay cosas que pasan desapercibidas. Es como si, al no compartirlas, estuviese contribuyendo a su inexistencia.  Por eso quiero enseñaros hoy esta imagen del pasado verano.



Como veis, es el trabajo de varios días hecho añicos, justo una semana antes de su entrega. Por supuesto, no todos los días se desploman las estanterías de mi taller, pero sí que surgen con frecuencia muchos obstáculos que van irremediablemente asociados a esta profesión y que, aunque no los comparta, están ahí. Es muy bonito hacer cerámica, claro que sí, pero vivir de ello es otra historia. Detrás de cada pieza hay muchas horas de trabajo, algunas ni siquiera salen bien del horno y se quedan por el camino lo que se traduce en pérdidas, están los gastos de material y mantenimiento del taller sumados a los pagos mensuales de la actividad profesional y, así, un largo etcétera. Por eso me duele un poco que algunas personas consideren que el precio de mi trabajo es elevado cuando yo sólo trato de llegar, honestamente, a fin de mes. Así que en esta ocasión, me vais a disculpar, me ha apetecido dejar a un lado mi discurso habitual para centrarme en esta otra parcela de mi día a día.

Las imágenes que comparto a diario no son como la que os acabo de enseñar, sin embargo, me gustaría dejar constancia de que el mensaje y el trasfondo SÍ son los mismos. La difusión online es una parte más de mi trabajo y es casi tan importante como las horas que paso en el taller. Se puede decir que a día de hoy van de la mano. Por este motivo trato de esforzarme y compartir fotos con cierta calidad en las que podáis apreciar de la manera más fiel mis piezas. Lo que está claro es que yo no vivo de vender fotos sino de lo que muestro en ellas que es, además, mi pasión: la cerámica. Y ésta supone mucho esfuerzo, a veces acompañado de éxitos pero también de fracasos.

***

Quiero aprovechar para dar las gracias a las personas que habéis confiado en mi trabajo, bien a través de encargos, en algún mercado, en la venta de navidad o a través de la tienda online pues ésta es la verdadera historia de las piezas que tenéis ahora en vuestras manos.




1 comentario:

  1. Muy interesante lo que planteas hoy, Vero. Me gusta ver las luces y las sombras de la gente que hace cosas que me gustan, supongo que porque me gusta compartir todo el proceso, o porque sacia mi curiosidad o mi lado cotilla, quizás.

    Lo que me pregunto es qué pasará por la cabeza de las personas que cuestionan el valor del trabajo ajeno. Cómo puedes querer tener algo en tu casa que crees que vale menos de lo que cuesta. Si deseas tener algo hecho a mano será porque le das un valor, lo consideras especial, no sé, digo yo... ¿Tú crees, entonces, que tiene que ver con el desconocimiento del trabajo lo que lleva a no valorarlo?
    Besos y sigue disfrutando de la cerámica y también de todo lo que no lo es.

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